Detrás del Paraíso Natural

Detrás del Paraíso Natural 

El verdadero patrimonio de Asturias.


Hay publicaciones que nunca imaginé escribir.

Después de casi nueve años, Asturias conVivencias pone fin a una de las experiencias a las que más cariño he dedicado: la Experiencia Ganadera.

No porque haya dejado de interesar. Todo lo contrario. Durante estos años realizamos cerca de 100 visitas, en las que más de 500 personas pudieron conocer de primera mano cómo es el día a día de una ganadería de vacas de leche en Asturias.

Lo que termina no es sólo una actividad turística. Lo que termina es la posibilidad de seguir enseñando una realidad que, poco a poco, está desapareciendo.

Siete ganaderos. Nueve años.

A lo largo de estos años he colaborado con siete ganaderos de vacas de leche de la zona.

No eran explotaciones preparadas para recibir turistas, no eran granjas-escuela. Eran casas donde se trabajaba desde antes de amanecer hasta bien entrada la noche. Familias que, además de sacar adelante su explotación, encontraban un rato para abrirnos las puertas y compartir con generosidad su forma de vida.

Con el paso de los años fueron llegando las despedidas.

Algunas explotaciones cerraron. Otras dejaron la producción de leche para dedicarse al vacuno de carne. Y otras, simplemente, ya no pueden dedicar unas horas a recibir visitantes porque bastante tienen con sacar adelante su trabajo.

Así, casi sin darme cuenta, ofrecer esta experiencia ha dejado de ser posible.

Y eso dice mucho más sobre la realidad del sector que sobre la propia actividad.

La historia de Alejandro

Si hay una persona a la que quiero agradecer especialmente este camino es a Alejandro, de la ganadería La Roza en Nava.

Su explotación ronda los cien años, desde que la iniciaron sus abuelos. Cien años de trabajo, de madrugones, de adaptación constante y de amor por una profesión que nunca ha sido fácil.

En 1999 fue la primera ganadería ecológica de leche registrada en Asturias, obteniendo ese mismo año la certificación del COPAE. Apostó por la producción ecológica cuando muy pocos creían en ella y demostró que era posible producir alimentos de calidad respetando aún más el entorno.

Su historia resume muy bien lo que significa el sector primario: tradición e innovación caminando de la mano.

Y, sin embargo, hoy tampoco puede seguir recibiendo visitas. No porque no quiera. Sino porque el trabajo ya ocupa todo el tiempo.

Nunca fue una visita para ver vacas

Siempre he pensado que el turismo no debería consistir solo en enseñar lugares, sino también en ayudar a comprender a las personas que les dan vida.

Porque un paisaje se admira. Pero un territorio solo se entiende cuando conoces a quienes lo habitan.

Esa ha sido, desde el principio, la filosofía de Asturias conVivencias. Por eso, cuando diseñé esta experiencia, nunca pensé en ella como una actividad para entretener a las familias. 

Quería que fuera una oportunidad para acercar el mundo rural a quienes nunca habían pisado una explotación ganadera. Que los niños descubrieran de dónde viene realmente la leche.

Que los adultos comprendieran que detrás de un alimento tan cotidiano hay personas que trabajan los 365 días del año.

Pero, sobre todo, quería que quien saliera de aquella cuadra entendiera una cosa muy sencilla.

El paisaje no aparece por arte de magia. El paisaje también se trabaja.

Cada prado que vemos verde, cada vaca pastando, cada finca limpia, cada muro de piedra y cada camino abierto existen porque alguien los cuida todos los días.

El riesgo de convertir el mundo rural en un decorado

Hay algo que me preocupa especialmente. Cada vez hablamos más del mundo rural como un lugar para visitar, desconectar o hacer fotografías.

Pero hablamos cada vez menos de quienes viven en él.

Los pueblos corren el riesgo de convertirse en escenarios preciosos. Casas restauradas para fines de semana. Rutas para recorrer. Miradores desde los que hacer fotografías. El rincón perfecto para compartir en redes sociales.

Y, sin embargo, un paisaje sin personas deja de ser un territorio vivo para convertirse en un decorado.

El verdadero valor de Asturias nunca ha sido solo su belleza. Ha sido la vida que había detrás de esa belleza. Los prados no se mantienen verdes por casualidad. Las fincas no se limpian solas. Las vacas no están ahí para que las fotografiemos.

Detrás de todo eso hay familias que llevan generaciones trabajando para producir alimentos y cuidar un territorio que, muchas veces, disfrutamos sin preguntarnos quién lo hace posible.

Cuando desaparece una ganadería no solo desaparece una explotación. Se pierde conocimiento. Se pierde cultura. Se pierde biodiversidad. Se pierde una forma de entender la vida.

Y el paisaje empieza, poco a poco, a dejar de ser auténtico.

Una profesión cada vez más difícil

Durante estos nueve años he escuchado muchas conversaciones dentro de las cuadras.

Conversaciones sobre precios que no cubren los costes, sobre largas jornadas interminables, sobre hijos que no quieren continuar porque saben el sacrificio que supone, sobre la enorme carga burocrática que implica sacar adelante una pequeña explotación familiar.

Los ganaderos cumplen hoy requisitos muy exigentes en materia de bienestar animal, sanidad, trazabilidad, seguridad alimentaria y sostenibilidad. Son exigencias que, en muchos casos, han contribuido a mejorar el sector y generan una enorme confianza en los alimentos que consumimos.

El problema aparece cuando toda esa responsabilidad recae sobre pequeñas explotaciones familiares que apenas tienen tiempo para hacer frente al trabajo diario.

A ello se suma la percepción, muy extendida en el sector, de competir con productos procedentes de terceros países que no siempre se elaboran bajo estándares equivalentes a los que se exigen dentro de la Unión Europea. No se trata de rechazar las importaciones, sino de reclamar condiciones de competencia más equilibradas para quienes producen aquí.

En los últimos años, Asturias ha visto desaparecer cientos de explotaciones de leche. Detrás de cada cierre no hay solo una empresa menos. Hay una familia que deja el campo, un conocimiento que se pierde y un pueblo que, poco a poco, va perdiendo vida.

Gracias

Quiero dar las gracias a todos los ganaderos que durante estos años confiaron en Asturias conVivencias y nos abrieron las puertas de su casa.

Gracias por vuestra paciencia. Por vuestra generosidad. Por responder una y otra vez a las mismas preguntas. Y por enseñar con orgullo una profesión que demasiadas veces pasa desapercibida.

Y gracias, especialmente, a Alejandro. Porque sin ti esta experiencia no habría llegado tan lejos.

Gracias también a las más de quinientas personas que decidisteis acompañarnos durante estos nueve años. Espero que, después de aquella tarde, pudieran ver el campo asturiano con otros ojos.

Porque ese era el verdadero objetivo. Nunca quise que fuera una visita para ver vacas, sino que fuera una oportunidad para conocer a las personas que hacen posible que Asturias siga siendo Asturias.

Lo que realmente estamos perdiendo

Cerrar esta experiencia supone cerrar un ciclo muy importante para Asturias conVivencias. Pero lo que más me preocupa no es eso.

Lo que me preocupa es que cada vez sea más fácil encontrar paisajes espectaculares y más difícil encontrar personas que puedan contarnos cómo se construyen.

El turismo necesita lugares bonitos. Pero esos lugares sólo siguen siendo auténticos mientras haya personas viviendo en ellos, cuidándolos y trabajando en ellos.

Ojalá nunca lleguemos a convertir nuestros pueblos en simples decorados para el turismo o para una fotografía en Instagram.

Porque el verdadero patrimonio de Asturias no son solo sus paisajes. Son las personas que, generación tras generación, los han hecho posibles.

Y quizá el mejor homenaje que podemos hacerles no sea admirar el paisaje. Sea cuidar también de quienes lo cuidan.


Para saber más

Si te interesa conocer mejor la situación que atraviesa el sector lácteo asturiano, te recomendamos leer el reportaje de La Voz de Asturias sobre la evolución reciente de las explotaciones ganaderas y los retos a los que se enfrenta el sector.

Algunos de los comentarios de personas que pudieron vivir esta experiencia... 


"Muy recomendable! 

... Tanto para niños como para adultos! Nuestros hijos de 7, 5 y 2 años han disfrutado mucho, guiando a las vacas, ordeñándolas, dándoles de comer y bebiendo la leche!! Incluso jugando con unos gatitos 😉 Actividad muy recomendable! Repetiremos con ella otra actividad cuando volvamos a Asturias!” AGOSTO 2021.

MERITXELL  //  Madrid

“Para repetir! 

Hicimos una visita a una ganadería tradicional y fue de maravilla. Nos dejó impactado este mundo que no conocíamos. Daniela fue super atenta y junto con las explicaciones del ganadero nos dejaron alucinados.” JULIO 2021

RAFAEL  //  Almería

"We had a really nice experience...

... with Asturias conVivencias last Friday and visited an ecological farm. Our two daughters were very excited to give the calf milk and drink some fresh milk themselves! The farmer was very friendly and answered all our questions. Daniela was a great translator from Spanish to English. We will come back to do other activities with her!” OCTUBRE 2020.

DEBORA  //  Soto de Llanera

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